



Hay pueblos que escriben su historia sobre la tierra. Cada árbol, cada piedra, cada sendero guarda una memoria que ningún mapa puede borrar. Habitar un territorio es también nombrarlo, cuidarlo y transmitirlo; reconocer en él la huella de quienes estuvieron antes y la promesa de quienes vendrán.
El cine palestino nace de esa memoria. Sus imágenes hablan de hogares, de cosechas, de fronteras, de exilios y de regresos. Hablan también de la vida bajo la ocupación israelí, de las múltiples formas de resistir el despojo y la violencia cotidiana. Sobre todo, hablan de la persistencia: de la decisión profunda de un pueblo de permanecer allí donde descansan sus ancestros, donde crecen sus hijos y donde el futuro puede imaginarse.
Lo recaudado en las proyecciones será donado a cineastas palestinos.
Dir: Annemarie Jacir (93 min)
1967. El mundo está lleno de cambios. Una energía renovada, nuevas formas de expresión, música y un contagioso sentimiento de esperanza parecen anunciar una nueva época. En Jordania, sin embargo, se vive una transformación muy distinta: decenas de miles de refugiados cruzan la frontera desde Palestina. Separado de su padre en el caos de la guerra, Tarek, de 11 años, y su madre, Ghaydaa, forman parte de esta nueva ola de desplazados. Instalados en campamentos de refugiados "temporales", compuestos por tiendas de campaña y viviendas prefabricadas, esperan el día en que puedan regresar a su hogar, como ya lo hizo la generación que llegó allí en 1948. Incapaz de adaptarse a la vida en el campamento de Harir y decidido a reencontrarse con su padre, Tarek busca una forma de escapar y descubre una nueva esperanza que nace con los tiempos. Su espíritu libre y su inagotable curiosidad lo conducirán finalmente a un grupo de personas cuya travesía cambiará sus vidas para siempre.